PIES LIBRES

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PIES LIBRES

A menudo en la vida cotidiana, al momento de ser mamás y papás, nos hacemos muchas preguntas, en las que pretendemos encontrarlas en un manual. Una de ellas es ¿Hay que calzar a los bebés que todavía no caminan?

Un trabajo apunta que no sólo no es necesario calzar a los niños, sino que además puede ser negativo para el desarrollo de su inteligencia.

Todo indica que los escarpines que tejían las abuelas han pasado de moda. Ahora, los negocios de ropa para bebés ofrecen todo tipo de opciones para calzar a los más chicos de la casa, aunque ellos todavía no puedan caminar. Pero, más allá de la moda nos seguimos preguntando, ¿es bueno calzar a los niños no andantes? Un informe indica que vestir a los bebés de pies a cabeza puede ser negativo para su desarrollo.

Durante los primeros meses de vida, cuando el cerebro se desarrolla a mayor velocidad, los pies son altamente sensibles y les sirven a los bebés para procesar información. Los pies del recién nacido tienen una sensibilidad táctil mucho más fina que la de sus manos; esto se extiende hasta los 8 ó 9 meses de vida. Por ello, durante este primer tiempo el bebé utiliza los pies para informarse sobre el mundo exterior, toca con ellos todo lo que tiene a su alcance, los manipula y se los lleva a la boca. 

Es por eso que no debemos reprimir la sensibilidad táctil de los pies calzándolos, pues informan del mundo exterior, transmitiendo sensaciones de temperatura y texturas que favorecen el desarrollo del niño. En cambio, se debe cuidar y potenciar la libertad de los movimientos de los dedos y de los pies que a esta edad, como órgano táctil, se mueven mucho. El niño necesita tener la oportunidad de tener la planta del pie en contacto con superficies irregulares ya que esto estimula las sensaciones cinestésicas y los reflejos posturales, necesita el estímulo táctil, de presiones y de irregularidades del terreno para desarrollar la propiocepción, mejorar la posición de las articulaciones y reforzar la musculatura.

Ya cerca del año, el pie va perdiendo esta sensibilidad y se inicia otra más profunda: la sensibilidad propioceptiva, esta es la que nos permite saber la posición y el movimiento de las distintas partes de nuestro cuerpo. Pero antes de empezar a caminar, el niño necesitó la información que recibió de las plantas de los pies y de las estructuras profundas como las articulaciones, para poder coordinar los movimientos y lograr el equilibrio.

Una prenda menos para tener en cuenta a la hora de vestir a nuestros hijos redundará en muchos más beneficios para ellos. Tan sólo cuando las temperaturas son muy bajas, puede ser preciso proteger sus piececitos del frío. En este caso, conviene procurar que lo que le pongamos en los pies reproduzca tan fielmente como sea posible las condiciones del pie descalzo, por ejemplo unos zapatitos blandos, flexibles, o unos buenos calcetines de lana, seguramente podrán cumplir esta función.

Un estudio que se basa en las etapas de Piaget de desarrollo de la inteligencia, centrándose en la primera, en la etapa sensomotriz, desde el nacimiento a los dos años, cuando son importantes la manipulación, el movimiento y aprender a organizar de forma hábil la información sensorial. Se adquiere la primera noción del yo, del espacio, del tiempo y la idea de causalidad.

Sin duda los pies, como receptores privilegiados, contribuirían a un mejor desarrollo de la inteligencia del bebé, y ello es así porque la inteligencia se desarrolla mediante:

  • La maduración del sistema nervioso, esto es la capacidad de diferenciar y discriminar cada vez un mayor número de estímulos y tiene que ver con la diferenciación de las células nerviosas.
  • La experiencia de interacción con el mundo físico, esto es la manipulación, el manejo de los objetos. Significa conocer el funcionamiento de los objetos a través de manipular con ellos. El desarrollo de la inteligencia no sería posible sin esa manipulación, pues la maduración del sistema nervioso no es independiente de la experiencia. Junto a las manos y la boca, los pies también tienen un papel fundamental.
  • La necesidad de aprender. La mente humana tiende al equilibrio cognitivo. Cada vez que hay un estímulo exterior que no comprendemos tendemos a comprender. El sistema cognitivo tiende a buscar nueva información para reequilibrar, por eso el interés por aprender tiene que ver con buscar estructuras de conocimiento cada vez más complejas y estables.

A modo de datos, cada uno de los pies de nuestros hijos tiene 26 huesos, 33 articulaciones y más de 100 tendones, músculos y ligamentos. Esto nos hace ver que nuestros pies son una auténtica obra de “ingeniera evolutiva” diseñada para caminar por los terrenos más insospechados, actualmente completamente desaprovechados.

Con esto queremos decir, que están preparados para que podamos caminar por la montaña, entre piedras, zonas sinuosas, trepar árboles, etc., pues todas sus estructuras nos permiten adaptarnos a todo tipo de terrenos. Sin embargo, desde pequeños los tapamos y aislamos con zapatillas con una cierta amortiguación, cerradas, o zapatos, y entonces no les dejamos que se ejerciten lo suficiente.

Muchas madres saben que es mejor que los niños vayan descalzos por casa y sin embargo lo evitan. Les da miedo que el contacto de su piel con el suelo frío les vaya a provocar un resfrio por un viejo mito de la salud que dice que «los resfrios entran por los pies». Pero esto no es asi, los resfrios no entran por los pies, y los virus tampoco, así que los niños pueden ir perfectamente descalzos y no resfriarse.

No debemos poner impedimentos al desarrollo propioceptivo, neuromuscular e intelectual del niño encerrando sus pies en un calzado que no necesita. Al contrario, se deberá estimular a los niños a disfrutar de su cuerpo y de su motricidad con los pies descalzos.