VACUNAS SÍ, VACUNAS NO.

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VACUNAS SÍ, VACUNAS NO.

En estos tiempos modernos, en donde comienzan a implementarse nuevas modalidades y hasta rebelarse frente al sistema contra comportamientos preestablecidos ya sean culturales o de otra índole. No siempre son favorables.

Con respecto a la vacunación, existen mitos y verdades, como dos grupos, en este caso de padres, que están a favor de que sus hijos sean vacunados y otro grupo que prefiere hacerlo un tiempo o no hacerlo nunca ya que temen por la integridad mental de sus niños. Están convencidos que causan un cierto grado de autismo debido a los componentes que tienen algunas dosis.

A pesar de la gran cantidad de pruebas que existen sobre lo seguras y eficaces que son las vacunas, algunos padres siguen optando por no vacunar a sus hijos, o por retrasar sus vacunaciones. Pero esto es muy arriesgado, porque enfermedades, como el sarampión, que se pueden prevenir mediante la vacunación, siguen existiendo a nuestro alrededor. Por lo tanto, si un niño no vacunado desarrolla una de esas enfermedades que se pueden prevenir, las personas que estén en contacto con él podrían enfermar e incluso llegar a morir.

¿Es verdad que las vacunas contienen mercurio? ¿Es peligroso administrar varias vacunas a un niño de forma simultánea? ¿Pueden causar autismo? ¿Es necesario vacunarse contra la gripe? Los expertos desmienten algunas falsas creencias sobre la vacunación que pueden poner en peligro la vida de los más vulnerables.

La viruela es una enfermedad de referencia en la comunidad científica. Fue una de las pandemias que más vidas cobró en la historia pero también la única en ser erradicada gracias a la vacunación, un procedimiento que previene el contagio de enfermedades y que recién nacidos, niños, adolescentes y adultos tienen el deber de realizarlo en las distintas etapas de su vida.

A continuación expondremos mitos y verdades acerca de la vacunación.

“Las vacunas ya no son necesarias. Las mejoras higiénicas y sanitarias hacen desaparecer las enfermedades infecciosas.”

FALSO: Muchos microorganismos se propagan independientemente del nivel de limpieza. Si bien es cierto que una mejor higiene, el lavado de manos y la higienización del agua nos ayudan a protegernos de las enfermedades infecciosas, las patologías contra las que hay vacunas volverán otra vez si se suspenden los programas de vacunación y enfermedades que ya se consideran controladas como la polio y el sarampión reaparecerán rápidamente.​

“Las vacunas pueden causar incluso la muerte; presentan efectos adversos y efectos secundarios a largo plazo que ahora desconocemos.”

FALSO: Las vacunas son muy seguras. Los ensayos clínicos efectuados con vacunas se realizan sobre muestras mucho más amplias de las que se emplean para los fármacos, y los seguimientos y controles de seguridad son muy exhaustivos. La mayoría de las reacciones post-vacunación son de poca importancia y pasajeras, y en raras ocasiones producen efectos secundarios graves aunque, si ocurren, se investigan. Las consecuencias de no vacunarse serían mucho más graves, si se contrae la enfermedad, que los efectos de la propia vacuna. Por ejemplo, el sarampión puede causar encefalitis y ceguera, mientras que la vacuna solamente puede provocar una leve hinchazón en el punto de inyección y febrícula, síntomas que ni siquiera aparecen siempre. Sin las vacunas habría mucha más enfermedad, secuelas y muerte (basta con recordar las tasas de muerte infantil de la época de nuestros abuelos).

“La vacuna combinada contra el tétanos y contra la poliomielitis, causan síndrome de la muerte súbita del lactante.”

FALSO: No existe una relación causa-efecto entre la administración de las vacunas y la muerte súbita infantil. Lo que ocurre es que estas vacunas se administran en un periodo en el que los niños pueden sufrir este síndrome. Es importante señalar que la poliomielitis puede ser mortal, por lo cual los niños están expuestos a un riesgo serio de muerte o enfermedad grave si sus padres deciden no vacunarlos.

“Las enfermedades que se pueden prevenir mediante vacunación están erradicadas en mi país, por lo que no hay razón para vacunarse.”

FALSO: Aunque los programas de vacunación han conseguido que la incidencia de muchas enfermedades se reduzca considerablemente en determinados países, los agentes infecciosos que las causan continúan circulando en diversas partes del mundo. En un mundo globalizado, estos microorganismos pueden atravesar fronteras e infectar a cualquiera que no esté protegido. Si las tasas globales de vacunación en un país se reducen, se propagarán fácilmente los casos «importados» de enfermedades fácilmente prevenibles.

“Las infecciones infantiles no se pueden evitar, son ´cosas de la vida´.”

FALSO: Estas enfermedades se pueden prevenir con vacunas, no hay razón para resignarse. El sarampión, las paperas y la rubéol a son graves y pueden causar complicaciones importantes en niños y adultos tales como neumonía,​ encefalitis, ceguera, diarrea,​ infecciones del oído, síndrome de rubéola congénita e incluso la muerte. Todo este sufrimiento se puede evitar con la vacunación. Cuando una familia opta por no inmunizar a un niño, lo está haciendo innecesariamente vulnerable.

“Administrar a un niño más de una vacuna de forma simultánea puede sobrecargar su sistema inmunitario e incrementar el riesgo de efectos secundarios.”

FALSO: Cada día, los niños se exponen a cientos de agentes externos que estimulan su sistema inmunitario. Un acto tan simple como comer introduce nuevos antígenos

(sustancias reconocidas por el sistema inmunitario) en el organismo. Además, numerosas bacterias viven en la nariz y en la boca. El contacto con antígenos es, con gran diferencia, muy superior cuando se sufre un resfriado común o una infección de garganta que cuando se administra una vacuna. La evidencia científica demuestra que la administración de varias vacunas al mismo tiempo no tiene efectos negativos sobre el sistema inmunitario de un niño; por el contrario, poner al niño varias vacunas al mismo tiempo tiene varias ventajas: disminuye las visitas al médico (lo que ahorra tiempo y dinero) y causa menos molestias al niño (con lo que es más probable que se complete el calendario de vacunación).

“La vacuna contra la gripe no es muy efectiva. No es necesaria porque la enfermedad solo genera molestias.”

FALSO: La gripe es una enfermedad seria. Existen grupos de riesgo, como las mujeres embarazadas, los niños, los ancianos y los pacientes con patologías crónicas como asma y enfermedades cardiacas,​ a los cuales la gripe puede ocasionar complicaciones e incluso la muerte. La vacunación ofrece inmunidad frente a tres de las cepas más prevalentes cada estación (en caso de las embarazadas, se protege además al recién nacido). Es el mejor modo de reducir la probabilidad de padecer una gripe grave o de contagiar a otros. Evitar la gripe, además, significa evitar costes sanitarios adicionales, pérdidas de días de trabajo y de colegio.

“Padecer la enfermedad es la mejor forma de inmunizarse.”

FALSO: Las vacunas producen en el sistema inmunitario una respuesta similar a la producida por la infección natural, pero sin riesgos y sin llegar a causar la enfermedad. El precio de inmunizarse frente a determinados agentes de un modo natural puede ser muy alto. Por ejemplo, contraer la hepatitis B puede generar cáncer de hígado, la rubeola puede ocasionar defectos congénitos, etcétera.

“La vacuna triple vírica (sarampión, paperas, rubéola) causa autismo.”

FALSO: No hay ninguna evidencia que pruebe la relación entre la vacuna triple vírica y el autismo o los trastornos del espectro autista. Se trata de un rumor originado tras la aparición en 1998 de un estudio que señalaba un posible vínculo entre esta vacuna y el autismo.​ Aunque posteriormente se concluyó que el estudio era erróneo y el propio autor reconoció que se trataba de un engaño, su publicación causó tal pánico que hizo caer las tasas de vacunación, y como consecuencia aparecieron nuevos brotes de enfermedad

“Son 100% efectivas”

Falso. Existe un porcentaje de la población que no genera los anticuerpos necesarios y, por ende, requiere otras dosis. Estas personas quedan desprotegidas y pueden contraer enfermedades infecciosas a pesar de haber recibido vacunas.

“Las dosis que recibí en mi infancia no son de por vida”

Cierto. La conocida triple bacteriana, por ejemplo, que previene el contagio de las bacterias que producen la tos convulsa, la difteria y el tétanos (entre otras), pierde su efectividad luego de diez años, razón por la cual es importante hacer refuerzos.

«Varias enfermedades para las cuales hay vacunas, están prácticamente erradicadas, no tiene sentido vacunarse.»

Falso. Si bien algunas enfermedades prevenibles mediante vacunación pueden ser poco comunes en muchos países, los agentes que las provocan siguen presentes en el mundo y pueden infectar a personas no protegidas. Sin esa prevención, pueden manifestarse y tener graves consecuencias para la salud.

Las enfermedades de la infancia para las que hay vacunas, son algo inevitable en la vida. Es mejor la inmunización por la enfermedad que por las vacunas, ya que es la vía natural.

A veces, los niños pueden tener una reacción a una vacuna, como febrícula o un sarpullido. Pero está claro que el riesgo de tener reacciones graves a la triple vírica y a otras vacunas recomendadas son reducidos, en comparación con los riesgos asociados a las enfermedades (a menudo graves) que las vacunas permiten prevenir.

Si le preocupa cualquiera de las vacunas recomendadas, hable con el médico de su hijo al respecto. Pregúntele sobre los efectos beneficiosos y los riesgos de cada vacuna y sobre por qué son tan importantes.